Descripción
Con un retrato del autor por Pablo Picasso
ALTAZOR ocupa un lugar de excepción dentro de la historia artística de las vanguardias hispanoamericanas porque desplazó el problema poético desde la representación hacia la descomposición de la lengua.
Allí donde gran parte de la poesía de comienzos del siglo XX todavía concebía el lenguaje como vehículo de experiencia, Vicente Huidobro lo sometió a un proceso sistemático de erosión interna hasta convertir el poema en un campo de inestabilidad verbal permanente.
La caída de ALTAZOR no constituye únicamente una metáfora existencial ni una alegoría filosófica; funciona, ante todo, como el principio estructural que conduce la progresiva descomposición del lenguaje a lo largo de todo el poema.
En ese movimiento, cada canto profundiza el deterioro de las formas heredadas de organización del sentido.
La sintaxis comienza a fracturarse, las asociaciones lógicas pierden estabilidad y las palabras dejan progresivamente de comportarse como unidades de significado para adquirir espesor acústico, respiratorio y material.
El castellano aparece entonces llevado hacia un límite extremadamente lejano dentro de la tradición poética latinoamericana, un límite donde el lenguaje parece asistir a su propia disolución.
ALTAZOR emerge así como un bosque verbal suspendido y permanece como uno de los momentos más extremos alcanzados por la vanguardia literaria latinoamericana.












