Martelli, Sixto C.

Martelli, Sixto C.

Sixto C. Martelli nació en Mendoza en 1901. Fue poeta, narrador y periodista: colaboró en La Tribuna, La Palabra y Los Andes. También fue uno de los fundadores de la filial Mendoza de SADE.

En 1923 se estableció en Buenos Aires, donde continuó colaborando en algunos de los principales medios de difusión de la época en la capital: La Nación, La Razón y Crítica. Además, publicó en medios extranjeros como Antena de Chile, Excelsior de México y La Marina de Cuba. En Mendoza, también tuvo publicaciones en la revista Égloga. Contribuyó como uno de los pioneros en la creación del Museo de Bellas Artes de Mendoza.

Dentro de su amplia obra periodística, se destacan artículos sobre Mendoza, el Norte argentino, el paisaje argentino en la pintura, el humorismo, la escultura, el grabado, leyendas, fábulas y apólogos. En colaboración con Ricardo Tudela, realizó una antología poética de Cuyo en 1932.

Su obra literaria incluye los siguientes títulos: Humanas (1923), publicado en Buenos Aires; Concéntricas; Motivos de Buenos Aires (1932), prosa poética influenciada por la greguería y el ultraísmo; Ignorancias (1934), también editado en Buenos Aires (al igual que Humanas, es un libro en prosa que contiene diversas reflexiones, algunas de ellas humorísticas); Paraná a la vista (1937), notas de viaje publicadas en Buenos Aires; Para los hombres que ya no tienen infancia (1940), una colección de aforismos dedicada a Eduardo Mallea, «revelador de una Argentina sumergida»; y Canto a la tierra de Cuyo (1948), concebido como un homenaje a la institucionalización de la Fiesta de la Vendimia.

También publicó un texto sobre la vendimia en la revista Égloga, creada y dirigida por Américo Calí, titulado «Palabras para una vendimia inútil» (marzo, 1945). En este texto, se carga de un significado trascendental la labor de la tierra, estableciendo un paralelismo con el acto de la creación: «De todos los actos del hombre, quizás el más trascendental en sí mismo y socialmente sea el acto de sembrar… […] Y donde hay siembra, hay cosecha. El hombre siempre cosecha lo que siembra. Es una inmensa fortuna consagrada por Dios desde la hora del Génesis». Su poema «Motivo de un amanecer mendocino» fue galardonado en los Juegos Florales de 1924.

En el contexto mendocino, Arturo Roig (cf. 1996: 26) lo sitúa dentro del espiritualismo literario y el regionalismo que surgieron en la década de 1920, en particular en el marco del vitalismo irracionalista de Ricardo Tudela. Desde una perspectiva puramente literaria, su obra se enmarca en la nueva sensibilidad de inspiración vanguardista: sus Concéntricas, junto con El inquilino de la soledad de Ricardo Tudela, Carrou; Carroussel de la noche de Vicente Nacarato El poema de Abel de Juan Bautista Ramos y Colores del júbilo de Jorge Enrique Ramponi inauguran una nueva etapa en las letras mendocinas (cf. Roig, 1966: 81-82).

Falleció en Mendoza en el año 1954.

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