D’Halmar, Augusto

D’Halmar, Augusto

Augusto Jorge Goeminne Thomson, ampliamente conocido como Augusto d’Halmar, adoptó el apellido de su bisabuelo materno, el barón d’Halmar. Fue un distinguido escritor chileno y el primer galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1942, año en que se instauró dicho reconocimiento. Se destacó como un influyente exponente del naturalismo en Chile y fue considerado uno de los poetas más relevantes de su generación. Además, fue de los primeros intelectuales de su país en asumir abiertamente su homosexualidad.

Nació en Valparaíso el 23 de abril de 1882. A los diez años sufrió la pérdida de su madre y quedó bajo el cuidado de su abuela, quien lo crió junto a sus hermanas.

Cursó estudios en el Liceo Miguel Luis Amunátegui entre 1896 y 1898, año en que ingresó al Seminario Conciliar de los Ángeles Custodios. Sin embargo, en 1899 abandonó la formación eclesiástica para dedicarse por completo a la literatura. Inició su trayectoria publicando como periodista en los periódicos La Tarde y La Ley; en el primero apareció su primer relato, La Tía. En 1900 se unió como redactor a la revista Luz y Sombra, fundada por Arturo Melossi el 24 de marzo de ese año. Más tarde, cuando esta revista se fusionó con Instantáneas para crear Instantáneas de Luz i Sombra, d’Halmar inauguró en 1901 la sección Los 21, una serie de estudios breves sobre diversos artistas y escritores chilenos contemporáneos. En 2017, una parte significativa de estos textos sobre arte fue recopilada en un libro. En 1948, con el mismo título, publicó una obra que incluía veintiún ensayos crítico-biográficos sobre destacados escritores del siglo XIX.

En 1902 publicó La Lucero (Los Vicios de Chile), más tarde rebautizada como Juana Lucero, una vívida representación del Santiago de principios de siglo XX, con especial énfasis en la vida en el barrio Yungay, dentro de la corriente naturalista inspirada en Émile Zola.

En 1904, junto con Fernando Santiván y Julio Ortiz de Zárate, fundó la Colonia Tolstoyana, un refugio para pintores, escritores y escultores chilenos. Al surgir la revista Zig-Zag en 1905, colaboró con numerosos cuentos, algunos de los cuales recopiló posteriormente en Cristián y yo. También trabajó como redactor en El Mercurio y se desempeñó como secretario del ministro de Relaciones Exteriores, Federico Puga, quien en 1907 lo nombró cónsul general en la India, marcando así el inicio de su carrera diplomática. En 1909 fue designado cónsul en Puerto Eten, Perú, cargo que ocupó hasta 1915.

Por razones poco esclarecidas, se vio apartado del servicio diplomático. Tras un breve regreso a Chile, ofreció una serie de conferencias en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, organizadas por el Ateneo de Santiago, en las que presentó los originales de Gatita, una colección de 27 relatos breves inspirados en una joven peruana, caracterizados por una profunda melancolía. Algunos de estos relatos fueron publicados en la revista del grupo Los Diez, hasta que en 1917 aparecieron en formato de libro, con una reedición en 1935 que incluyó nuevas narraciones. Posteriormente, viajó a Francia con la firme intención de no volver a su tierra natal. Se estableció en París como corresponsal de guerra para los periódicos La Nación de Buenos Aires y La Unión de Santiago. Durante la Primera Guerra Mundial resultó herido y pasó varios meses en estado grave, por lo que el gobierno francés lo condecoró.

En 1917 partió hacia Buenos Aires y, tras el fin de la guerra en 1919, se radicó en España, donde permaneció hasta 1934. Allí trabajó como traductor, periodista y conferencista. Entre 1918 y 1924 publicó Nirvana (Viajes al extremo Oriente) y Mi otro yo, libros de viajes protagonizados por Zahír, un joven egipcio a quien conoció en su visita a las pirámides y que describió como «guía, enfermero, ratero y prestidigitador». Juntos emprendieron un recorrido por el mar Rojo y el océano Índico, acompañados del pintor Rafael Valdés, quien también estuvo con él cuando enfermó en Calcuta. Más tarde, viajaron juntos por Turquía, Grecia, Italia y Francia.

En territorio español, d’Halmar publicó La sombra del humo en el espejo y Pasión y muerte del Cura Deusto (1924), novela estructurada en tres partes: «Albus», «Rubrus» y «Violaceus» (blanco, rojo y añil). En esta obra, combinó la exploración de pasiones ocultas con una representación del entorno sevillano de la época como un espacio de alcance universal. Es considerada su obra más aclamada y fue escrita en 1920, durante su estancia en España. Su perfección estructural y el meticuloso desarrollo de los personajes la han consolidado como una de las principales novelas psicológicas de la literatura en español.

Luego de un prolongado silencio editorial, publicó Capitanes sin barco en 1934, el mismo año en que decidió regresar definitivamente a Chile y establecerse en Valparaíso. Entre 1940 y 1941 desempeñó un papel clave en la creación del Museo Municipal de Bellas Artes de Valparaíso, el cual dirigió hasta 1945. Posteriormente, se trasladó a Santiago, donde trabajó en la Biblioteca Nacional. Su retorno al país le valió múltiples homenajes por parte del ámbito intelectual. En 1942, recibió el recién creado Premio Nacional de Literatura. Sus últimas publicaciones, Mar y Palabras para canciones, pueden ser interpretadas como poesía en prosa.

Falleció el 27 de enero de 1950 debido a un cáncer de garganta, en la casa de su amiga de toda la vida, la actriz Sylvia Thayer. En su epitafio, escrito por él mismo, se lee: «No vi nada, sino el mundo; nada me pasó, sino la vida».

Se le considera uno de los precursores del imaginismo, corriente literaria que surgió como alternativa al criollismo predominante en la época. El influyente crítico Alone lo destacó como una de las figuras más relevantes de la literatura chilena, y su prestigio trascendió las fronteras alcanzando notoriedad en círculos intelectuales europeos. Aunque sus Obras completas fueron publicadas entre 1934 y 1935, no incluyen la totalidad de su producción. Entre su material disperso se hallan numerosos artículos, crónicas y relatos aparecidos en Chile, España y Argentina desde 1899 hasta su fallecimiento en 1950, abarcando temas como la política chilena, la guerra civil española, acontecimientos culturales, reseñas literarias y crítica teatral. Sus posturas ideológicas fluctuaron entre una visión redentora cercana al comunismo y un enfoque aristocrático, mediante el cual construyó su identidad como descendiente de nobles suecos llegados a Chile a través de legendarias vicisitudes. Asimismo, el esoterismo fue otra de sus grandes obsesiones, influyendo en la simbología de sus narraciones y en sus escritos periodísticos.

En reconocimiento a su legado, su nombre ha sido inmortalizado en distintos lugares de Chile. En la comuna de Ñuñoa, un liceo y una plaza llevan su nombre, al igual que el Colegio Augusto d’Halmar en Peñaflor. En Antofagasta, una calle también rinde homenaje a su figura.

Entre sus principales obras se encuentran:

Juana Lucero, 1902
Vía crucis, 1906
Al caer la tarde, 1907
La lámpara en el molino, 1914
Los Alucinados, 1917
La Gatita, 1917
La sombra del humo en el espejo, 1918
Nirvana, 1918
Cuatro evangélicos en uno, 1922
Vía Crucis, 1923
Pasión y muerte del cura Deusto, 1924
Mi otro yo. La doble vida en la India, 1924
La Mancha de Don Quijote, 1934
Capitanes sin barco, 1934
Catita y otras narraciones, 1935
Amor, cara y cruz, 1935
Lo que no se ha dicho sobre la actual revolución española, 1936
Rubén Darío y los americanos en París, 1941
Palabras para canciones, 1942
Mar, 1945
Carlos V en Yuste y Castilla, 1945
Cristián y yo, 1946
Los 21, 1948
Cursos de oratoria, 1949
Recuerdos olvidados, 1975, memorias publicadas póstumamente

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