Alberto Heredia

Alberto Heredia fue un pintor y escultor argentino cuya producción artística se desarrolló en torno a conceptos figurativos, geométricos y semiabstractos. A lo largo de su trayectoria, sus obras se caracterizaron por su capacidad de incomodar y por una ejecución técnica impecable, constituyendo una advertencia contundente a una sociedad que, a su juicio, permanecía sumida en la indiferencia.
Nació en Buenos Aires el 4 de marzo de 1924 y desde su infancia mostró un marcado interés por las artes. Aunque en un principio intentó seguir una formación académica tradicional, pronto abandonó esa idea y optó por el autodidactismo. A los veintidós años ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, pero abandonó sus estudios poco después. Su desarrollo artístico se forjó a partir de su curiosidad y espíritu inquieto. En este camino, desempeñaron un papel relevante su amistad con Enio Lommi, a quien conoció en 1952, y con Roberto Mackintosh, con quien entabló relación a mediados de la década del setenta.
En 1960 emprendió un viaje a Europa, estableciéndose inicialmente en Madrid, para luego pasar un tiempo en Ámsterdam y París. En la capital francesa, según sus propias palabras, aprendió a «perder el miedo».
En sus primeros años, la influencia de su familia fue determinante en su obra y en los temas que abordó. Criado en un hogar con una madre profundamente religiosa y un padre de formación militar, creció en un ambiente estricto y disciplinado. Con el paso del tiempo, esta impronta se fue diluyendo, aunque es posible rastrear su huella en sus creaciones. A primera vista, sus piezas pueden parecer caóticas o fortuitas, pero un análisis detallado revela un minucioso trabajo en el que cada elemento posee un significado dentro de la composición.
Su obra encarna una crítica mordaz y sarcástica al consumismo y a la veneración de lo que él denominó el Dios Objeto. Una de sus piezas más representativas en este sentido es «Tres Gracias» (1962), donde a través de cajas circulares de queso Camembert despliega toda su fuerza expresiva. Estas creaciones, de carácter heterodoxo y provocador, generaron controversia hasta el punto de que ninguna galería española quiso exhibirlas. Las cajas de queso fueron el punto de partida para una serie de esculturas elaboradas con materiales reciclados. Estas piezas, construidas con gran meticulosidad, incluyen algunas realizadas con dentaduras y prótesis dentales, convirtiéndose en el contrapunto de las esculturas tridimensionales predominantes en Argentina en aquella época.
En la década del setenta, cuando Argentina se sumió en un período de violencia política y social, sus obras comenzaron a reflejar estos cambios. En 1972 creó una figura antropomorfa sin cabeza, confeccionada con yesos ortopédicos y envuelta en pliegues de acrílico transparente, titulada «Sandwiche homus por Petronius Heredius». Dos años después presentó las series «Las Lenguas» y «Los Amordazamientos», en las que utilizó, entre otros materiales, prótesis dentales transformadas en bocas aterrorizadas y silenciadas.
En 1981 dio inicio a una nueva serie de piezas profundamente críticas con «La sillita». En ellas, la silla se erige como símbolo del poder, desde donde diversos personajes se dedican a degradar a sus subordinados, socavando valores y despojando la moral de todo significado.
Ese mismo año fue galardonado con el Merit Award del Gran Premio de Escultura Henry Moore, otorgado por The Hakone Open-Air Museum of Sculpture en Tokio. Posteriormente, en 1998, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires organizó una amplia retrospectiva de su obra. En 2002 recibió el Premio Konex de Honor, que lo reconoció como el artista visual fallecido más relevante de la década en Argentina. Previamente, había sido distinguido con el Diploma al Mérito Konex en 1982 y 1992.
Su producción artística, implacable y sin concesiones, estaba impregnada de la esencia misma de la vida cotidiana, empleando objetos comunes y efímeros, como las Cajas de Camembert. Estas piezas se convirtieron en una metáfora corrosiva de una sociedad que él consideraba decadente.
Alberto Heredia falleció el 23 de abril del año 2000, a los 76 años.
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