Brull, Mariano

Brull, Mariano

Mariano Brull Caballero fue un destacado poeta, abogado y diplomático cubano, estrechamente vinculado al movimiento simbolista francés.

Entre los poetas cubanos de la primera mitad del siglo XX, Brull sobresalió como el principal representante de la poesía que nacía del amor por el arte, en contraposición a la poesía de corte social o a la que se inspiraba en las tradiciones de los cubanos de origen africano. Su obra, marcada por una profunda fascinación por los sonidos del lenguaje, es especialmente conocida por su exploración de la «jitanjáfora», un estilo poético donde las palabras parecen carecer de sentido literal pero adquieren una gran relevancia a través de su sonoridad. Como diplomático, vivió en diversos países de Europa y América, lo que enriqueció su perspectiva de la cultura global.

Nacido en Camagüey, Cuba, el 24 de febrero de 1891, Brull provenía de una familia con raíces profundas en la región. Su padre, Miguel Brull, era un oficial del ejército español destinado en la zona, mientras que su madre, Celia Caballero, descendía de una antigua familia de terratenientes cubanos con orígenes catalanes, aragoneses y andaluces.

En 1908, Brull se trasladó a La Habana para iniciar sus estudios universitarios, donde se graduó como Doctor en Derecho a los 22 años. Posteriormente, trabajó en un bufete de abogados y colaboró como poeta en la revista El Fígaro. Entre 1914 y 1915, formó parte de un pequeño grupo literario bajo la orientación del influyente crítico dominicano Pedro Henríquez Ureña, quien reconoció su potencial poético y se convirtió en su mentor, presentándole nuevos poetas y sugiriendo lecturas fundamentales para su desarrollo artístico.

En 1916, Brull publicó su primer libro de poesía, La casa del silencio. Ese mismo año, se casó con Adela Baralt y, poco después, ingresó al servicio diplomático cubano. La necesidad de alejarse de Cuba, sumida en tensiones políticas y una crisis de creatividad artística tras la lucha por la independencia, motivó su decisión. En Europa, encontró un entorno más propicio para el desarrollo de las vanguardias artísticas que florecían en ese momento.

A mediados de la década de 1920, Brull fue destinado a Madrid, donde tuvo la fortuna de integrarse en los círculos literarios que frecuentaban poetas de la talla de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén y Vicente Aleixandre, entre otros. En ese contexto, algunos de sus primeros poemas fueron publicados en París, traducidos al francés.

En 1923, Brull se unió al grupo El Grupo Minorista, conformado por unos 60 intelectuales y jóvenes profesionales de La Habana que se alzaron contra la mediocridad y la pasividad que predominaban en la política y la cultura de la época. Este colectivo defendió con firmeza el fin de los años de atraso cultural y demandó el reconocimiento de las nuevas tendencias artísticas provenientes de Europa. En el ámbito político, sus integrantes condenaron las dictaduras y abogaron por un gobierno cubano más sensible a las necesidades del pueblo.

En 1928, viviendo en París, Brull publicó su segundo libro de poesía, Poemas en menguante, escrito en español. Durante los años posteriores, la familia Brull residió en París, con breves estancias en Berna y La Habana, hasta 1934. Su retorno a Cuba coincidió con un periodo de agitación política, con estudiantes enfrentándose al gobierno dictatorial de Gerardo Machado.

Durante la Gran Depresión, Brull regresó a París y comenzó a realizar frecuentes viajes internacionales. Sus viajes a La Habana, España y Ciudad de México le permitieron interactuar con destacados intelectuales como la poetisa chilena Gabriela Mistral y el escritor mexicano Alfonso Reyes.

En 1934, publicó su tercer libro de poesía, Canto Redondo, en París. Durante los años 1934 a 1937, vivió en Roma, en una época en la que el fascismo estaba en pleno auge. En estos años también vio la luz su quinto libro de poesía, Solo de rosa, cuyas composiciones fueron publicadas en algunas de las revistas literarias más relevantes de Cuba, como Social, Gaceta del Caribe, Espuela de Plata, Clavileño, Orígenes y El Fígaro.

A lo largo de la Segunda Guerra Mundial, Brull desempeñó funciones diplomáticas en Washington D.C. y, en 1945, fue destinado a Ottawa para establecer la primera misión diplomática de Cuba en Canadá. En 1950, publicó en Bruselas su obra Temps en Peine. Tiempo en pena, en una edición bilingüe.

En sus últimos años, Brull fue nombrado embajador de Cuba en Uruguay. Sin embargo, tras negarse a cumplir una orden de Fulgencio Batista, el dictador cubano, renunció a su cargo, poniendo fin a más de cuatro décadas de servicio diplomático. En 1954, publicó su último libro de poesía, Rien que… (Nada más …), en París, obra dedicada a su amigo Miguel Ángel Carbonell, presidente de la Academia de Artes y Letras de Cuba.

De vuelta en La Habana, Brull se dedicó a modernizar la finca ganadera heredada de su madre, pero una grave enfermedad, un tumor cerebral, le afectó progresivamente, dejándole finalmente en coma. El 8 de junio de 1956, a los 65 años, falleció, dejando un legado literario y cultural que sigue siendo un referente de la poesía cubana.

Entre sus principales obras se encuentran:

La casa del silencio, 1916
Poemas en menguante, 1928
Canto redondo, 1934
Poëmes, 1939
Solo de rosa, 1941
Temps en peine / Tiempo en pena, 1950
Rien que… (Nada más que…), 1954

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