Esta pieza artística se vincula directamente con el mural-objeto EL HOMBRE ROTO instalado por el Grupo Escombros el 25 de septiembre de 1995 sobre una pared exterior de la Universidad Nacional de La Plata.
La obra principal consistía en una figura humana monumental, construida en aglomerado y representada en una actitud de profundo agobio.
Sobre su cuerpo se desplegaba un texto poético en primera persona que enumeraba actos de indiferencia, negación, renuncia y sometimiento, hasta culminar con la afirmación:
«Soy el Hombre Roto».
La potencia de la obra reside en que Escombros desplazó el sentido de la fractura desde el cuerpo hacia la conciencia.
El hombre no aparece roto únicamente por las condiciones sociales que lo rodean, sino también por aquello que hizo, toleró o decidió no hacer.
Memoria y amnesia, testimonio y negación, solidaridad y retraimiento se presentan como elecciones individuales.
Este Objeto de Conciencia traslada el texto poético, inscripto sobre un espejo que convierte la lectura en un ejercicio de reconocimiento y examen de nosotros mismos, a una escala íntima y manipulable
Su existencia debe comprenderse en relación con la voluntad expansiva de la obra original, cuya presentación estuvo acompañada, además, por 2.000 volantes y 150 afiches distribuidos en las facultades de la UNLP.
El pasaje del mural al objeto no disminuye el alcance de la obra, sino que transforma tanto la naturaleza de su interpelación como las posibilidades de su circulación.