David Sergio Villazón pertenece a esa particular constelación de escritores bolivianos cuya obra, aunque de dimensiones reducidas, consiguió adelantarse a su tiempo. Su literatura, atravesada por el humor, la ironía y una marcada vocación experimental, se apartó de los modelos narrativos predominantes en su época y encontró en la cultura popular, el cine y la vida urbana algunos de sus principales estímulos.
Nació el 24 de febrero de 1910 en Sacaba, departamento de Cochabamba. Los datos sobre sus primeros años fueron reconstruidos en buena medida a partir de testimonios de su familia, que permitieron precisar aspectos de su vida que durante décadas habían permanecido poco conocidos. Desde muy joven se vinculó con el mundo de la cultura y el periodismo: trabajó como redactor en el diario Los Tiempos y se desempeñó también como tramoyista en el Teatro Achá, experiencias que lo acercaron tempranamente a la escritura y al ámbito escénico.
En 1928 se trasladó a La Paz junto con un grupo de jóvenes entre los que se encontraban Walter Montenegro, Anico Quiroga y Oscar Claure. La capital boliviana se convirtió desde entonces en el escenario fundamental de su vida intelectual. Allí entró en contacto con círculos de escritores y artistas y participó de encuentros culturales que contribuyeron a ampliar sus inquietudes literarias.
Por esos años inició estudios de Medicina, pero su formación universitaria quedó interrumpida por la Guerra del Chaco. Fue convocado para participar en el conflicto entre Bolivia y Paraguay y se incorporó como Sargento Sanitario. La experiencia de la guerra marcaría posteriormente parte de su producción narrativa, aunque su aproximación al episodio bélico se distinguiría de las representaciones más solemnes y tradicionales que predominaban en la literatura boliviana de entonces. En reconocimiento por sus servicios durante la contienda, recibió el 20 de diciembre de 1937 la medalla al mérito.
A los veintiséis años, en 1936, concluyó Rodolfo el descreído, la obra que habría de convertirse en el centro de su trayectoria literaria. La novela fue publicada en 1939 por Editorial Fénix y, con el paso del tiempo, sería considerada una de las expresiones singulares de la narrativa de vanguardia boliviana.
La originalidad de Rodolfo el descreído reside tanto en su contenido como en la manera de construirlo. Villazón se distancia de la narrativa convencional mediante una escritura dinámica, fragmentaria y cargada de humor. La novela incorpora ilustraciones, listas, caligramas, cuadros y otros recursos que amplían las posibilidades del relato y establecen una relación más activa con el lector. El cine, los periódicos, la literatura popular y las formas de entretenimiento de su tiempo ingresan en sus páginas y conviven con una mirada satírica sobre la sociedad paceña.
El protagonista, Rodolfo Azurduy de la Serna, es un joven de buena posición social cuya vida sentimental y conducta donjuanesca permiten al autor observar con ironía determinados ambientes y costumbres de la burguesía de La Paz. Sin embargo, la novela no se limita a la representación de la vida urbana. La Guerra del Chaco aparece también dentro de su universo narrativo, abordada desde una perspectiva alejada del tono heroico y solemne. Villazón introduce allí una mirada más humana, mordaz y desacralizadora.
Su escritura ha sido vinculada con la de Enrique Jardiel Poncela por el empleo del humor, la parodia, la cultura popular y determinados procedimientos narrativos. Esta afinidad contribuye a comprender una de las características esenciales de Villazón: su voluntad de romper con las formas establecidas y de convertir la literatura en un espacio de libertad y experimentación.
Durante mucho tiempo, Rodolfo el descreído permaneció prácticamente al margen de la historia literaria boliviana. Su autor era apenas mencionado en algunos repertorios y diccionarios, mientras que su obra circulaba de manera limitada. Fue recién a comienzos del siglo XXI cuando nuevas investigaciones comenzaron a recuperar el valor de la novela dentro de la narrativa de vanguardia del país. La reedición de Rodolfo el descreído impulsada por Editorial La Mariposa Mundial contribuyó decisivamente a despertar nuevamente el interés por Villazón y por una obra que había permanecido durante décadas en un relativo olvido.
Después de aquella primera novela, publicó Cuentos y novelas, en 1954, volumen que reunió distintas narraciones. Dos décadas más tarde apareció Al filo del abismo, publicada por Editorial Fénix en 1975. A estas obras se suma una novela inédita, cuyo título no se ha establecido, que constituyó su última producción literaria conocida.
La trayectoria de David Sergio Villazón estuvo marcada por una relación singular con la literatura de su tiempo. Su obra no buscó acomodarse a los cánones vigentes, sino explorar otras posibilidades narrativas mediante el humor, la espontaneidad, la ironía y la incorporación de elementos procedentes de la cultura popular. Esa actitud explica que Rodolfo el descreído haya sido recuperada posteriormente como una pieza significativa de la vanguardia literaria boliviana.
Villazón murió en La Paz el 30 de diciembre de 1988. Aunque su producción fue breve, la recuperación crítica de sus textos permitió reconocer en él a un escritor innovador, cuya narrativa introdujo procedimientos poco habituales en la literatura boliviana de la primera mitad del siglo XX. Su obra permanece como el testimonio de una búsqueda literaria personal, libre de solemnidad y especialmente atenta a las transformaciones culturales de su época.
Entre sus principales obras se encuentran:
Rodolfo el descreído, 1939
Cuentos y novelas, 1954
Al filo del abismo, 1975