Guillermo Viscarra Fabre nació en Sorata, en el departamento de La Paz, Bolivia, el 23 de junio de 1900, según diversas fuentes biográficas, aunque algunos registros bibliográficos lo consignan como nacido en 1901. Murió en La Paz en 1980. Escritor, poeta, docente, periodista y diplomático, desarrolló una extensa trayectoria intelectual vinculada con la literatura y la cultura bolivianas.
Desde sus primeros años estuvo relacionado con el ambiente cultural de La Paz y desarrolló una intensa actividad literaria. Su poesía se caracteriza por una profunda relación con el paisaje andino, la naturaleza y la identidad de Bolivia. Las montañas, el altiplano, el lago y la presencia de la tierra aparecen de manera recurrente en sus versos, integrados a una escritura de marcada musicalidad y riqueza metafórica.
Su producción poética comenzó tempranamente y se desarrolló a lo largo de varias décadas. Entre sus primeros libros se encuentran Símbolo, publicado en 1937, y Clima, aparecido en 1938. Este último reúne poemas escritos entre 1925 y 1930 y constituye una de las obras centrales de su primera etapa. En sus páginas, el paisaje boliviano adquiere una presencia fundamental y se combina con temas amorosos, reflexiones íntimas y una particular sensibilidad ante la naturaleza.
Además de la poesía, Viscarra Fabre participó activamente en la difusión de la literatura boliviana. En 1941 publicó Poetas nuevos de Bolivia, una antología dedicada a escritores de su país. La obra reunió a poetas de distintas tendencias y generaciones y contribuyó a difundir la producción lírica boliviana de la primera mitad del siglo XX.
Su actividad intelectual estuvo estrechamente ligada a la enseñanza. Se desempeñó como profesor de Historia del Arte en la Escuela de Bellas Artes de La Paz y como docente de Historia de la Música en el Conservatorio Nacional de Música. También fue catedrático de Introducción a las Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Mayor de San Andrés. Desde estos espacios contribuyó a la formación de nuevas generaciones vinculadas con las artes, la literatura y la cultura.
Paralelamente desarrolló una importante actividad institucional y diplomática. Fue agregado cultural de Bolivia en Buenos Aires y ejerció funciones consulares en Perú. También estuvo al frente del Departamento de Lingüística de Idiomas Vernaculares del Instituto Indigenista Boliviano y se desempeñó como vocal de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Paz. Su labor cultural se extendió asimismo al periodismo y a la dirección de publicaciones, entre ellas la Revista México.
En 1930 participó como actor en Wara Wara, película dirigida por José María Velasco Maidana y considerada una obra fundamental del cine mudo boliviano. Viscarra Fabre interpretó al Gran Curaca en esta producción, que reunió a destacados representantes de la cultura boliviana de la época, entre ellos Arturo Borda y Marina Núñez del Prado. La película, estrenada en 1930, fue durante décadas considerada perdida hasta que se recuperaron materiales que permitieron su restauración.
Su obra poética alcanzó una madurez particular con Criatura del alba, publicada en 1949. En este libro profundizó una escritura caracterizada por la intensidad de las imágenes, la exploración de la naturaleza y una marcada elaboración formal. La tierra, el paisaje y la experiencia humana aparecen integrados en una poesía de gran densidad expresiva.
En 1966 publicó Nubladas nupcias, uno de sus poemarios más reconocidos. El libro reúne composiciones de tono íntimo y reflexivo junto con una fuerte presencia del paisaje y de la memoria. La dimensión amorosa, la experiencia de la pérdida y la evocación de la tierra se articulan en una poesía que combina musicalidad y profundidad conceptual.
Durante las décadas siguientes continuó publicando poesía. En El jardín de Nilda desarrolló una lírica centrada en el amor y la figura de la mujer amada, mientras que Veinte rubíes para el collar de Nilda reunió veinte poemas de estructura regular dedicados a esa misma temática. En Cordillera de sangre, publicado en 1974, su poesía adquirió una dimensión más épica y vinculada con la historia, la identidad y la geografía bolivianas.
En 1975 apareció Andes, obra en la que volvió a colocar el paisaje andino en el centro de su universo poético. Ese mismo año publicó Antología del cuento chileno-boliviano, en la que reunió textos de escritores de ambos países, ampliando así su tarea de difusión literaria más allá de su propia creación.
Su actividad cultural fue reconocida con su designación como Miembro correspondiente del Ateneo de Ciencias y Artes de México. A lo largo de su trayectoria mantuvo además una intensa relación con la prensa y con instituciones dedicadas a la cultura, convirtiéndose en una figura activa de la vida intelectual boliviana del siglo XX.
La poesía de Guillermo Viscarra Fabre se distingue por la permanente presencia de la tierra como fuente de inspiración. El paisaje andino no aparece únicamente como escenario, sino como una fuerza que atraviesa la experiencia humana, la memoria, el amor y la identidad. En sus versos confluyen la contemplación de la naturaleza, la introspección, la evocación amorosa y una profunda conciencia de pertenencia a la geografía y a la cultura bolivianas.
Su trayectoria abarcó así distintos ámbitos de la vida cultural: fue poeta y escritor, pero también educador, periodista, diplomático y participante de proyectos artísticos y cinematográficos. Murió en La Paz en 1980, dejando una obra que ocupa un lugar dentro de la tradición poética boliviana del siglo XX y que continúa vinculada, especialmente, con la representación literaria de los Andes y de la identidad cultural de su país.
Entre sus principales obras se encuentran:
Halcón, 1916
Aruma, 1926
Yoca, 1929
Símbolo, 1937
Clima, 1938
Poetas nuevos de Bolivia, 1941
Juanita y Alejo en las montañas o la emoción de la tierra, 1941
Criatura del alba, 1949
El poeta, 1961
Nubladas nupcias, 1966
El jardín de Nilda, 1967
Veinte rubíes para el collar de Nilda, 1971
Cordillera de sangre, 1974
Andes, 1975
Antología del cuento chileno-boliviano, 1975