Mercedes Anaya de Urquidi fue una escritora, poeta, folklorista, tradicionista, educadora y artista musical boliviana cuya obra se encuentra profundamente ligada a la memoria cultural de su país. Su escritura, atenta a las tradiciones, los mitos, las leyendas y las expresiones populares, contribuyó a preservar y difundir un patrimonio cultural que consideraba inseparable de la identidad boliviana.
Nació en Quillacollo, en el departamento de Cochabamba, a fines del siglo XIX. Las fuentes biográficas consultadas presentan discrepancias respecto de su año exacto de nacimiento —1885, 1886 y 1888—, por lo que resulta más prudente situar su nacimiento en las últimas décadas del siglo XIX. Fue esposa del historiador y hombre de letras José Macedonio Urquidi, con quien compartió un ambiente familiar estrechamente vinculado a la vida intelectual y cultural de Cochabamba.
Desde joven desarrolló una formación ecléctica. Además de su inclinación por la literatura y la investigación de las tradiciones populares, cultivó la música y estudió en el Conservatorio de Música de Cochabamba, donde se destacó como soprano lírica. Esta sensibilidad artística acompañaría posteriormente su escritura, especialmente en la manera de aproximarse a los paisajes, las voces populares y las expresiones culturales de Bolivia.
Su actividad intelectual se desarrolló en un período en el que la participación de las mujeres en los espacios culturales y públicos todavía encontraba importantes restricciones. Anaya de Urquidi formó parte de una generación de mujeres que procuró ampliar esos espacios mediante la educación, el periodismo, la literatura y la acción cultural.
En 1929 fundó junto con María Quiroga de Montenegro la revista Anhelos, publicación femenina de Cochabamba orientada a promover la elevación moral y cultural de la mujer. Desde sus páginas defendió la importancia de la educación femenina y llamó a las mujeres de su tiempo a participar activamente en la vida intelectual y social. La revista constituyó uno de los espacios más significativos de expresión femenina en la Cochabamba de aquellos años.
Su preocupación por la educación y por la condición de la mujer también se manifestó en su participación en organizaciones culturales y feministas. Integró el Comité de Acción Feminista de Cochabamba y, en 1935, fue directora de Acción Literaria de la Legión Femenina de Educación Popular de esa ciudad. Asimismo, perteneció a instituciones dedicadas al estudio de la historia y la geografía de Cochabamba y mantuvo colaboraciones con publicaciones de Bolivia, Argentina, España y Perú.
Como escritora, encontró en el folklore una de sus principales fuentes de inspiración e investigación. Su interés no se limitó a recopilar relatos tradicionales: buscó comprender las creencias, costumbres, mitos y formas de pensamiento que daban sentido a esas expresiones populares. En sus textos convergen la literatura, la observación social, la memoria histórica y una particular sensibilidad hacia el paisaje boliviano.
Su primer libro impreso fue Evocaciones. Poemas de hogar, publicado en La Paz en 1936. El volumen, de carácter poético, constituye el comienzo de una trayectoria literaria que posteriormente se orientaría con mayor intensidad hacia la investigación de las tradiciones y el folklore.
A ese libro siguió Tradiciones y leyendas del folklore boliviano, una de las obras más importantes de su producción. La primera edición apareció en la década de 1930 y tuvo posteriormente una segunda edición en 1946. El libro reúne tradiciones y leyendas vinculadas con distintas regiones y períodos de la historia boliviana, con especial atención a la herencia indígena, el período colonial y las creencias populares.
Anaya de Urquidi no abordó esas historias como simples relatos del pasado. En ellas buscó rescatar una memoria colectiva y aproximarse a la psicología, las costumbres y las formas de comprender el mundo de las comunidades que habían transmitido oralmente aquellas narraciones. El paisaje, la tradición indígena, las creencias religiosas y la imaginación popular adquieren así una presencia central en su obra.
La repercusión de Tradiciones y leyendas del folklore boliviano trascendió las fronteras de Bolivia. La obra recibió elogios de importantes figuras de la cultura latinoamericana, entre ellas Gabriela Mistral, y contribuyó a consolidar el reconocimiento de Anaya de Urquidi como una de las principales recopiladoras y estudiosas de las tradiciones bolivianas.
En 1947 publicó en Buenos Aires Indianismo, obra en la que reunió investigaciones y reflexiones relacionadas con la historia precolombina, los pueblos indígenas y las tradiciones culturales de Bolivia. El libro incluye referencias a la historia del Tahuantinsuyo, a figuras femeninas vinculadas con el mundo incaico y a distintos aspectos de la cultura indígena. Fue aprobado por el Gobierno boliviano como texto de lectura para las escuelas del país, reconocimiento que contribuyó a ampliar su difusión.
La escritura de Mercedes Anaya de Urquidi se caracteriza por una combinación de investigación y sensibilidad literaria. En sus páginas, el folklore no aparece únicamente como una colección de relatos antiguos, sino como una manifestación viva de la identidad de un pueblo. Su interés por las leyendas, los mitos, las costumbres y las creencias estuvo acompañado por una mirada particularmente atenta al paisaje y a la memoria cultural de Bolivia.
A lo largo de su vida continuó escribiendo para periódicos y revistas y reunió numerosos trabajos dispersos. Entre sus proyectos figuró Folklore religioso de Bolivia, obra que dejó terminada pero que no llegó a publicarse en vida y cuyo destino posterior no pudo ser establecido con certeza. También trabajó en una autobiografía en la que reunió recuerdos de su vida y de su entorno cultural.
En 1963, el pueblo de Sipe Sipe la distinguió con el título de Hija Predilecta, reconocimiento que reflejó el vínculo que había mantenido con la región y la importancia de su obra dedicada a las tradiciones y la cultura bolivianas.
En 1965 apareció Evocaciones de mi vida y de mi tierra, volumen en el que reunió parte de su producción dispersa en periódicos y revistas, además de discursos y conferencias. El libro posee un particular valor autobiográfico y documental, pues permite aproximarse tanto a su recorrido personal como al ambiente cultural en el que desarrolló su actividad.
Mercedes Anaya de Urquidi murió en Cochabamba en 1970. Su figura permanece asociada a una generación de mujeres que ampliaron los espacios de participación intelectual en Bolivia y, especialmente, a la recuperación de las tradiciones populares como materia literaria, histórica y cultural.
Su obra constituye un valioso testimonio de la Bolivia de su tiempo: un territorio observado a través de sus paisajes, sus relatos ancestrales, sus costumbres y la memoria de sus pueblos. Con una escritura que une poesía, investigación y evocación, Anaya de Urquidi contribuyó a preservar una parte esencial del patrimonio cultural boliviano y dejó un lugar propio dentro de la tradición de escritoras y folkloristas de América Latina.
Entre sus principales obras se encuentran:
Evocaciones. Poemas de hogar, 1936
Tradiciones y leyendas del folklore boliviano, 1936
Indianismo, 1947
Evocaciones de mi vida y de mi tierra, 1965