Nicolás Rubió nació en Barcelona el 15 de septiembre de 1928. Durante su infancia, la Guerra Civil Española marcó profundamente su vida. Cuando tenía diez años, su familia abandonó España y se trasladó a Francia, donde se instaló en Vielles, un pequeño pueblo de la región de Auvernia. Allí transcurrieron buena parte de su infancia y adolescencia, en un entorno rural que muchos años después se convertiría en uno de los núcleos fundamentales de su producción artística.
En 1948, a los veinte años, Rubió llegó a la Argentina. Sus primeros trabajos estuvieron vinculados con la cartografía, pero progresivamente orientó su actividad hacia las artes visuales. Su formación y su trayectoria no quedaron encuadradas en una única corriente estética: desarrolló una obra personal en la que confluyeron el interés por el arte popular, la cultura latinoamericana, la pintura colonial, el arte precolombino y las manifestaciones visuales vinculadas con la identidad de los pueblos.
A lo largo de su carrera, la pintura de Rubió se caracterizó por una particular atención a las personas, los animales, los paisajes y las escenas de la vida cotidiana. Su aproximación a América nació de una voluntad de conocerla a través de sus habitantes, sus costumbres y sus historias. Recorrió distintos lugares del continente y convirtió esas experiencias en materia de su pintura. En 2017, el Museo de Arte Popular José Hernández presentó la exposición «América en la pintura de Nicolás Rubió», una muestra dedicada precisamente a esa mirada sobre el continente y sus manifestaciones populares. La exhibición reunió una serie de óleos en los que se destacaban el color, la precisión de la pincelada y una concepción integral de la escena.
Uno de los aspectos más significativos de su trayectoria fue su acercamiento al fileteado porteño. Junto con la escultora Esther Barugel, su compañera de vida durante décadas, comenzó a investigar esta expresión artística popular en la segunda mitad de la década de 1960. Ambos recorrieron Buenos Aires, registraron fotográficamente carros, camiones y otras piezas ornamentadas y reunieron testimonios de los principales protagonistas de ese universo artístico, en un momento en que el fileteado todavía no gozaba del reconocimiento cultural que alcanzaría posteriormente.
Ese trabajo derivó en una exposición fundamental realizada en 1970 en la galería Wildenstein de Buenos Aires, considerada la primera muestra dedicada específicamente al fileteado porteño. La investigación desarrollada por Rubió y Barugel también dio origen a Los maestros fileteadores de Buenos Aires, publicado por el Fondo Nacional de las Artes en 1994. La obra reunió información histórica, fotografías, entrevistas y testimonios de destacados maestros fileteadores y se convirtió en una referencia esencial para el estudio de esta manifestación artística.
El interés de Rubió por las expresiones populares no significó, sin embargo, que su producción pictórica pudiera reducirse al fileteado. Su obra transitó diferentes temas y lenguajes y estuvo marcada por una búsqueda independiente de las tendencias dominantes. Ya en la década de 1960 participó activamente de debates acerca de la autonomía del artista y de la necesidad de preservar una producción personal frente a los movimientos y modas artísticas. En 1964 fue uno de los impulsores de Los-, una propuesta presentada en la Galería Van Riel que reunió a artistas de distintas orientaciones con una mirada crítica hacia los llamados “ismos” que atravesaban el panorama artístico argentino.
La memoria ocupó un lugar cada vez más importante en su producción durante las últimas décadas de su vida. A partir de los setenta años comenzó a recuperar pictóricamente el mundo de Vielles, el pueblo francés donde había vivido durante su infancia. El paisaje, las casas, los animales y los habitantes de aquel lugar se transformaron en motivos recurrentes de una extensa serie de pinturas mediante las cuales reconstruyó un territorio que había quedado profundamente ligado a sus recuerdos. Esta etapa de su obra dio lugar a Auvernia: por los caminos de rasca-gatos, exposición presentada en la Galería Palatina en 1997.
La relación entre pintura y memoria también fue el eje de 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas, documental dirigido por Fernando Domínguez y estrenado en 2012. La película siguió a Rubió mientras reconstruía a través de sus pinturas el pueblo de su infancia y los recuerdos de los años que había pasado allí como exiliado de la Guerra Civil Española. El film, producido a partir de su obra y de su propio relato, participó en numerosos festivales internacionales y obtuvo diversos reconocimientos para la película.
Además de su actividad como pintor, Rubió desarrolló una importante producción escrita y editorial. En 2002 publicó Esther Barugel: Testimonios, dedicado a la trayectoria de la escultora con quien compartió su vida. También participó como autor, junto con Barugel, en El Filete Porteño, publicado en 2004, donde profundizaron la investigación sobre la historia, las características y los principales protagonistas del fileteado porteño.
Su trayectoria artística estuvo estrechamente vinculada con una concepción del arte como espacio de observación, memoria y rescate cultural. En sus pinturas convivieron el mundo rural de su infancia europea, los paisajes y personajes de América y las expresiones populares de Buenos Aires. Su obra contribuyó, además, a preservar y otorgar visibilidad a una tradición como el fileteado porteño, cuyo reconocimiento institucional culminó en 2015, cuando la UNESCO lo incorporó a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Nicolás Rubió murió en Buenos Aires el 24 de agosto de 2024, pocos días antes de cumplir 96 años. Su trayectoria dejó una obra pictórica vinculada a la memoria y a la cultura popular y, al mismo tiempo, una importante labor de investigación y documentación de expresiones artísticas que forman parte de la identidad cultural de Buenos Aires y de América Latina.
Entre sus principales obras se encuentran:
Los maestros fileteadores de Buenos Aires, 1994
Esther Barugel: Testimonios, 2002
El Filete Porteño, 2004
El Pájaro de Cristal, 2006