Daniel Pérez Velasco (Loreto, Beni, Bolivia, 24 de junio de 1901) fue escritor, periodista y ensayista boliviano. Su producción se desarrolló principalmente alrededor del ensayo, la reflexión social y política y el análisis de la realidad boliviana de su tiempo. Aunque su obra ha quedado parcialmente relegada de los circuitos literarios contemporáneos, sus escritos constituyen testimonios significativos de las discusiones intelectuales que atravesaron Bolivia durante la primera mitad del siglo XX.
Nacido en el departamento del Beni, se trasladó a Santa Cruz durante su adolescencia, ciudad con la que mantendría una estrecha relación a lo largo de su vida. Más tarde se radicó en La Paz, donde trabajó en el Museo Tiwanaku y amplió su formación en contabilidad e idiomas. Posteriormente Pérez Velasco permaneció durante varios años en Chile, donde estudió Comercio y desarrolló actividades vinculadas con el periodismo y la educación.
Su escritura se caracterizó por una mirada crítica y por el tratamiento directo de asuntos sociales y políticos que generaban controversia en la Bolivia de su época. Pérez Velasco cultivó especialmente el ensayo y abordó cuestiones relacionadas con la identidad, el mestizaje, la vida pública y las tensiones sociales del país. Su estilo, descrito por contemporáneos e investigadores como incisivo y polémico, le permitió intervenir en debates que excedían el ámbito estrictamente literario.
En 1928 publicó La mentalidad chola en Bolivia, una de sus obras más conocidas y la que mayor repercusión alcanzó dentro de su producción. Editado originalmente por Editorial López, en La Paz, el libro examinó desde una perspectiva polémica la cuestión del mestizaje y las estructuras sociales bolivianas. Su aparición provocó fuertes reacciones y dificultades para su circulación, convirtiéndose en una obra representativa de los debates ideológicos y sociales de la época. Posteriormente tuvo nuevas ediciones, entre ellas una publicada por San José.
El interés de Pérez Velasco por la realidad del Oriente boliviano también ocupó un lugar importante en su producción. En sus escritos abordó la identidad regional y las características sociales y políticas de Santa Cruz y otras zonas orientales, contribuyendo a dejar testimonio de las inquietudes de una región que buscaba afirmar su lugar dentro de la vida nacional.
Su trayectoria periodística acompañó buena parte de su actividad intelectual. Desde distintos medios de comunicación expresó una posición crítica y una escritura de tono firme, característica que también se trasladó a sus libros. En Las parvas de humo, una de sus primeras obras, definió su escritura como una expresión de protesta y de búsqueda de transformación, asociando la palabra escrita con una aspiración de libertad y renovación.
Entre sus primeros trabajos se encuentran Las crónicas de la vida inquieta, publicada en 1926, y Agua de torrente, de 1927. Ambas obras muestran ya su temprana relación con el ámbito literario y con las expresiones artísticas de su tiempo. Sus libros también tuvieron un vínculo particular con las artes visuales: las portadas de algunas de sus primeras publicaciones fueron realizadas por artistas bolivianos contemporáneos, entre ellos Fernando Guarachi.
Su postura intelectual y el carácter controversial de algunos de sus planteamientos tuvieron consecuencias políticas. De acuerdo con estudios biográficos sobre Daniel Pérez Velasco, la repercusión de sus escritos sobre el denominado cholismo en la vida social, intelectual y política de Bolivia contribuyó a su destierro a Chile, donde permaneció durante un extenso período y continuó desarrollando actividades vinculadas con el periodismo y la educación.
A lo largo de su trayectoria Pérez Velasco publicó además obras dedicadas a la historia y a la realidad política y regional boliviana, entre ellas Horas trágicas de Bolivia, El Oriente y A. Ibáñez, caudillo del Oriente. Esta última se incorporó a su producción madura y refleja su permanente interés por los protagonistas y procesos históricos del Oriente boliviano.
Daniel Pérez Velasco falleció en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia en 1986. Su nombre permanece ligado a la tradición ensayística y periodística boliviana de la primera mitad del siglo XX y, particularmente, a la historia intelectual del Oriente del país. En Santa Cruz de la Sierra una calle lleva su nombre, como reconocimiento a su trayectoria como escritor y periodista.
Entre sus principales obras se encuentran:
Las crónicas de la vida inquieta, 1926
Agua de torrente, 1927
Las parvas de humo, 1928
La mentalidad chola en Bolivia, 1928
Horas trágicas de Bolivia, 1930
El Oriente, 1939
A. Ibáñez, caudillo del Oriente, 1972