María Rosa Oliver (Buenos Aires, 1898-1977) fue una escritora, ensayista y destacada intelectual argentina, cuya obra reunió la memoria personal, la observación de la vida cotidiana y el compromiso con las ideas de su tiempo. Su trayectoria estuvo estrechamente ligada a los círculos literarios y culturales del siglo XX, así como a los movimientos por los derechos de las mujeres y la paz internacional.
A los diez años contrajo poliomielitis, enfermedad que afectó su movilidad durante el resto de su vida. Esta circunstancia no impidió que desarrollara una intensa actividad intelectual y participara activamente en la vida cultural argentina e internacional. La escritura, los viajes y el intercambio con otros escritores e intelectuales ocuparon un lugar central en su recorrido.
Fue una de las fundadoras de la revista Sur, junto con Victoria Ocampo, y formó parte de su comité de redacción. Desde esa publicación participó en un espacio fundamental para la circulación de ideas y el diálogo entre escritores argentinos y extranjeros. También intervino en iniciativas vinculadas con los derechos de las mujeres: en 1936 participó en la fundación de la Unión Argentina de Mujeres, organización que promovió la igualdad de derechos y la participación femenina en la vida pública.
Su producción literaria abarcó distintos géneros. En 1939 publicó Geografía Argentina, obra destinada al público infantil, y en 1945 apareció América vista por una mujer argentina, libro en el que plasmó sus observaciones y reflexiones sobre el continente. Su escritura se caracterizó por una mirada atenta a las personas, las costumbres y los contextos sociales, junto con una particular capacidad para relacionar la experiencia individual con los acontecimientos históricos.
En 1955 publicó, junto con Norberto Frontini, Lo que sabemos, hablamos… Testimonio sobre la China de hoy, resultado de su interés por otras culturas y por las transformaciones políticas y sociales que se desarrollaban en el mundo. Sus viajes y contactos internacionales ampliaron su perspectiva y consolidaron su participación en los debates intelectuales de la época.
Oliver también desarrolló una intensa actividad en favor de la paz. Integró organizaciones internacionales dedicadas a esta causa y mantuvo vínculos con personalidades de la cultura latinoamericana. En 1958 recibió el Premio Lenin de la Paz, reconocimiento a su labor en favor del entendimiento entre los pueblos. Su compromiso político y humanista constituyó una dimensión importante de su vida pública, paralela a su trabajo literario.
En sus últimos años profundizó la escritura autobiográfica, recuperando recuerdos, experiencias y reflexiones sobre su entorno familiar, sus relaciones intelectuales y los acontecimientos que marcaron su generación. Mundo, mi casa, publicado en 1965, y La vida cotidiana, aparecido en 1969, forman parte de este recorrido por la memoria personal y colectiva. En 1981, después de su muerte, se publicó Mi fe es el hombre, obra que completa este conjunto autobiográfico y expresa la centralidad que tuvo el ser humano en su pensamiento.
María Rosa Oliver murió en Buenos Aires el 19 de abril de 1977. Su legado reúne literatura, memoria, pensamiento crítico y compromiso social. A través de sus libros y de su participación en la vida cultural de su época, dejó un testimonio singular de una mujer que hizo de la escritura y de la acción intelectual formas de comprender el mundo y contribuir a transformarlo.
Entre sus principales obras se encuentran:
Geografía Argentina, 1939
América vista por una mujer argentina, 1945
Cuaderno Autógrafo de Viaje de María Rosa Oliver a China, 1953
Lo que sabemos, hablamos… Testimonio sobre la China de hoy, 1955
Mundo, mi casa, 1965
La vida cotidiana, 1969
Mi fe es el hombre, 1981